Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar.

Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla.

Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.

sábado, 26 de febrero de 2011

I love París

   Estoy en medio de uno de esos momentos relajados en los que piensas en cosas muy diversas tales como  los exámenes y trabajos, y sin quererlo mi mente vuela hacia París y revivo, como si estuviera otra vez  allí, cada minuto de aquel día.

   El metro, o mejor dicho, los metros (menos mal que teníamos a Patri y a que una mujer se dio cuenta de lo que nos pasaba=); el Moulin Rouge y la plataforma de aire que nos dejó el pelo… ummm..., no quiero recordarlo.

    Después de varias fotos la subida a la Plaza  de los Pintores, en todo lo alto de Paris. Como su nombre indica la plaza estaba repleta de personas con caballete y pincel en mano que igual te hacían un retrato, una caricatura o esbozaban la Torre Eiffel en cero coma dos.
 
    Entre helado y helado con mi sudadera “i love Paris”, con regalos varios y mis amigos, nos sentamos en las escaleras al pie del Sacré Coeur. Allí, un violoncelista, un saxofonista y un guitarrista concentraban a una masa de gente fascinada por su melodía y por el paisaje: a la derecha la Torre Eiffel, enfrente Notre Dame de Paris y un poco a la izquierda el Panteón.

 Después, una foto de grupo y rumbo al bateau mouche. En la cubierta del barquito hacía frío por lo que estrené mi nueva sudadera, que iba muy a juego con el momento. Mientras viajamos nos echamos fotos charlamos… Está anocheciendo y así, apoyada en la barandilla disfruto de un ratito de paz donde tengo todo Paris a un vistazo. En ese momento se ilumina la Torre Eiffel. Pasa otra hora más entre fotos, confidencias…
   Bajamos del bateau y nos dirigimos a la Torre Eiffel. Son las nueve y empezamos a subir escaleras. Eli y yo empezamos a contar escaleras sin darnos cuenta de que el número de escaleras viene en el lateral. Vaya cara se nos quedó, nos podrían haber avisado un poquito antes del escalón doscientos y pico. ¡Qué pavas!. A la última planta tenemos que subir en ascensor. ¡Qué vértigo! Tenemos el faro que ilumina Paris cortando la oscuridad azul sobre nuestras cabezas. Es el lugar donde más viento hace y donde más gente de todo tipo hay. En un minuto escuchamos hablar argentino, alemán, chino, italiano, árabe, español… tanta gente diferente, en un espacio tan pequeño y todos fascinados por lo mismo. Eso da que pensar…

    Cuando bajamos, vamos solos por la calle. Eran las doce y allí no es como aquí en España. El único lugar abierto es un kebab donde acabamos cenando. Volvemos al hotel donde nos duchamos, damos cuatro paseos y nos dormimos. No creo que nadie tuviera fuerzas para cambiar de posición en la cama. Como caímos nos dormimos. Mañana al Louvre… qué sueño…

    Y en ese momento termina la canción, me veo sentada en mi cama con todo preparado para estudiar y el calendario lleno de días señalados con el cartelito de trabajo de…, examen de… Mejor dejo la relajación para otro momento.=)

domingo, 13 de febrero de 2011

HAITÍ: Un reto


ANTES:

 “Pienso que si se consigue un verdadero compromiso de la comunidad internacional esta tragedia puede convertirse en el primer paso de un largo proceso de desarrollo del país haitiano”

  Antes del terremoto, Haití era un país pobre, pese a estar al lado de un país estable como la República Dominicana. Haití y la República comparten las mismas playas, los mismos paisajes… la diferencia es que uno está en el centro del turismo y el otro es pobre.

  La República fue una colonia española que fue invadida pero a la que se permitió que fuera desarrollándose, y una vez independiente, pudo crear su propio mercado y convertirse en lo que es hoy: un país que vive del turismo. Por el contrario, Haití fue invadida, explotada y abandonada. Este último no se desarrolló y trató de sacar las riquezas de su país con gente que no estaba preparada para ello, por lo que la mayor parte del país fue utilizado sin reservas para cubrir las necesidades de la población.

   Ese fue el punto de partida de las grandes diferencias.

     Por lo menos el 77% de la población de Haití vivía con menos de un dólar al día, frente al 11% de la República. Esta pobreza supone que la gente viva de lo que da la tierra, lo que arrojó un informe de las Naciones Unidas en el que se hablaba de que el 97% de la superficie estaba seriamente dañado a causa de que la gente explotaba inconscientemente los recursos de la tierra.

     Otros datos pueden ser que la esperanza de vida en Haití es superada 11 años por la República y la posición ocupada en la clasificación de desarrollo humano. Mientras la República ocupa el puesto 96 Haití ocupa el 146, con lo que podemos concluir que para hacer crecer una economía primero hay que preocuparse de los ciudadanos que son los que pondrán en movimiento los planes de su gobierno.
     
  Los haitianos que emigran al país vecino lo hacen como mano de obra que, al tener como única experiencia su propia agricultura, se convertirán en siervos que cultiven la tierra sin preparación y en pésimas condiciones. Esto provoca que los salarios disminuyan casi un 30% por tanta demanda de trabajo.

       Pasamos al terremoto del 12 de enero de 2010. el seismo, que tuvo una intensidad de 7.0 en la escala de Reichter, dejó un total de casi doscientos mil muertos y un país entero devastado. Aquí hay que destacar que a finales del siglo XX un terremoto de 6.9 en la ciudad de San Francisco dejó un total de sesenta y tres muertos, pero no se derrumbó la ciudad  al completo. Nos encontramos con la diferencia que hay entre un gobierno que invierte en estructuras sólidas y seguras, y otro que prefiere mano de obra barata, material barato y ninguna protección.

      Pero en vez de quejarnos ahora es el momento de lograr que este país empiece desde cero. Para esto se necesitan varias cosas y sobre todo acuerdos que no se queden  en una mesa. La comunidad Internacional debe colaborar con un plan de inversiones para construir nuevas infraestructuras y que los grupos de  labores humanas sirvan de medio para asegurar  las inversiones. Se necesita que las empresas públicas y privadas propongan  una visión objetiva y clara del país que necesitarían para aumentar los ingresos, como si fuera una esplanada en la que solo hay que colocar complejos hoteleros, escuelas, empresas… A la vez la gente tiene que mentalizarse de que, a pesar del caos, es el momento para resurgir.

   Por lo tanto este proceso debería de tener una etapa con carácter solidario, en el  que sean los grupos sociales los que se encarguen de la recolección de fondos para productos básicos y que la gente y el país estén bien atendidos. Otra etapa sería una en la que las instituciones públicas tengan una presencia activa, ayuden e inviertan en el país, deberían de ser una garantía de desarrollo.


   AHORA:

   Eso pensaba hasta que Haití volvió a salir en las noticias. No salió por algo de lo que yo quería que ocurriese sino porque habían aparecido los primeros brotes de cólera.

    ¿De qué nos sirvió que todas las cámaras sacaran la cara de aquel niño haitiano que fue rescatado por un bombero? ¿No se supone que si ese niño sobrevivió a esa catástrofe deba vivir para ver cómo resurge su país? Y como ese niño todos los supervivientes de aquel 12 de enero.

  Yo me pregunto ¿en qué se ha invertido todo el dinero que iba a ayudar al país? O mejor ¿quién se lo ha quedado?. No lo entiendo. Ese dinero tenía que haber ayudado a Haití de manos de grupos sociales y haber sido entregado en manos de otro grupo social local, no de banco en banco, ni de político a político.

    Ahora nadie se acuerda de Haití. El “boom” de los dos primeros meses se quedó ahí y ahora incluso viven peor que antes. Cólera. Una enfermedad que se suponía extinta. Haití al lado de un país estable. Son ilógicas las comparaciones y, a veces, nosotros mismos.