Y lo que tiene localizar en internet es que es muy fácil buscar sobre un tema concreto y que te salgan 1000 enlaces donde encuentras documentos de los más variados. Y James Lovelock salía en la mitad de estos, no precisamente por estar en contra. Ya habíamos oído hablar de él en clase y sabíamos que era un investigador británico que apoyaba el movimiento verde. Lo desconcertante para mi después de esta afirmación fue la siguiente declaración de este científico: “la energía nuclear no es lo ideal a largo plazo ni va a solucionar todo pero, hoy por hoy, es la única solución”. Bien. Teníamos un argumento de autoridad a nuestro favor pero, sinceramente, no lo apoyaba en ese sentido.
Poco a poco y tras dos semanas de búsqueda de información, datos y opiniones me doy cuenta de que hasta ahora no se ha puesto solución al cambio climático, y lo más chocante es que los humanos hemos intervenido en esto. Es cierto que el planeta ha pasado por cambios climáticos anteriormente. Venimos de un periodo de frío entre los siglos 16 y 18, por lo que era de esperar un incremento de temperatura, pero este aumento se está dando a un ritmo anormal. Y las evidencias las encontramos fácilmente: sube el nivel del mar, cada vez son más intensos y frecuentes los fenómenos meteorológicos y catástrofes naturales y, además, los seres vivos están cambiando su comportamiento y su localización a causa de esto. Según varios estudios el cambio climático actual presenta tasas de modificación más altas que otros cambios similares en la historia.
Las Naciones Unidas con su IPCC, el Protocolo de Kyoto, la Cumbre de Nairobi, la Cumbre de Copenhague del año pasado... tenían como tarea el aportar ideas cuanto antes, medidas que reduzcan las emisiones de CO2. Es responsabilidad de todos el lograr esta implicación. No hace falta recordar que el planeta es de todos.
Pero no fue posible. El Protocolo de Kyoto entraba en vigor en 2004, pero fue como si no existiera. El desarrollo de los países asiáticos, la producción de EE.UU... se juntó todo y lo que optaron por hacer fue comprar a los países que no emitían gases sus producciones. Puro mercado.
En Nairobi. 189 Países participantes. Ningún plan tomado en serio.
Copenhague 2010. La burla de todas las cumbres. Lo único que vimos fue cómo dormía la gente durante las exposiciones y cómo arrestaban a los que en realidad hacían algo.
Todos tenían en común que apoyaban las energías renovables. “Vaya novedad”. Así que había que buscar también inconvenientes. Para mi sorpresa las ventajas e inconvenientes estaban igualados. Por una parte las renovables son poco contaminantes (cuidado: poco, no nada) y apenas producen gases de efecto invernadero. Es cierto, que son inagotables y que disminuyen la dependencia energética con otros países. Por otro lado son muy caras, no garantizan un suministro estable (no siempre están disponibles), provocan un impacto ambiental negativo y cubren aún un porcentaje muy pequeño de la demanda energética total. Es decir, podríamos sembrar Alemania de placas solares y aún así no se cubriría ni el 3% de la demanda.
Ahora, ya capaces de rebatir los argumentos sobre las energías alternativas, tocaba enfrentarse al tema: ventajas e inconvenientes de la energía nuclear.
Lo primero que busqué, por curiosidad, fue la composición del gas que expulsan las centrales y me sorprendí cuando vi la composición: H20, vapor de agua. Otra curiosidad que encontré fue que el proceso que se utiliza es la fisión nuclear, es decir, la desintegración de un núcleo de uranio o plutonio. La fisión de un núcleo de uranio235 es capaz de generar una energía equivalente a 1,7 toneladas de petróleo.
Después de esto, que era muy bonito, había que encontrar inconvenientes para poder defendernos. Algunos de los motivos de rechazo lo genera el famoso accidente en Chernobil en 1986. Para entender esto había que buscar la situación de la URSS en esa época y qué fue lo que ocurrió.
Chernobil era peligroso y todo el mundo lo sabía. No había inspectores independientes al gobierno como hay ahora, sino que había comisarios políticos. En ese momento la seguridad era lo de menos y lo que importaba era el precio del kilowatio. Ahora todos sabemos que Chernobil era una bomba que podía estallar en cualquier momento si el gobierno o algún político lo creían conveniente.
Más inconvenientes de la energía nuclear son los residuos, aunque hoy en día el uranio y el plutonio se pueden reutilizar al 97%, lo que hace que disminuya su cantidad. Una vez acabada su vida se recubren con materiales que más o menos resisten el tiempo en el que baja la radioactividad de estos materiales que se entierran a grandes profundidades.
Otra desventaja es que esta energía se pueda utilizar como arma. Ese era el problema que más temía, pero una vez más aparecen las Naciones Unidas con su Consejo de Seguridad. Hay 5 países llamados Armados Nuclearmente (Rusia, República Popular China, EE.UU., Reino Unido y Francia) que se comprometen a no transferir tecnología nuclear, ni asistir en el desarrollo de estas armas. Los Estados que se quedaron fuera del tratado entre ellos Pakistán, Israel, Corea del Norte... están controlados vía satélite para que no se utilice material nuclear con fines militares.
En realidad no se sabe quien ganó el debate porque el profesor se declaró neutro. Nosotros pensamos que ganamos. Lo que ocurre con estos debates es que al final puedes acabar pensando algo radicalmente opuesto a lo que creías antes.
Pienso que hay que desarrollar un modelo que hoy en día sea capaz de satisfacer nuestras necesidades y que a la vez garantice un futuro sostenible a las demás generaciones. Hoy en día se desarrolla tecnología como las bombillas de bajo consumo, los coches híbridos... y con otras fuentes de energía como la fusión. Es el método en el que más confío. En él la energía se obtiene de la fusión de dos núcleos ligeros en otro más pesado. La energía que se libera de un gramo de helio equivale a 7,4 toneladas de petróleo.

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